El día 30 de diciembre fue publicada en el diario El Tribuno de Salta una carta de lectores con el título “Trato inhumano”. Me ha impactado por la simpleza con la que esta Sra. expresa un inmenso dolor y con gran altura describe todo aquello que no queremos que nos suceda a nosotros ni a nuestros familiares cuando necesitamos atención médica. En un punto de la carta se refiere al equipo de salud como “fieras corporativas”. Me gustaría saber si alguien se anima a responder lo contrario. Siento vergüenza ajena. Todo lo que esta mujer pide en su carta tiene que ver con prestar atención, dialogo, comunicación, respeto y en ningún punto hace referencia cuestiones médicas. Insisto con las dos claves: ponerse en el lugar del otro y hacerse cargo.
"Trato inhumano
El pasado 17 de noviembre interné a mi esposo en situación de emergencia en la Clínica Modelo. Intentaré hacer una síntesis del vía crucis vivido desde la recepción en mesa de entrada por administrativos y médicos hasta el desenlace. En realidad, la experiencia fue indescriptible, lo que habla de un sistema de salud deshumanizado y cruel, donde los adultos mayores pierden su identidad y sólo se los identifica con adjetivos tales como “viejo” o “abuelo”, y el tuteo se transforma en la estrategia de sumisión y abuso de poder de todos, desde médicos, pasando por las enfermeras hasta el personal de maestranza, y ante cualquier reclamo se convierten en fieras corporativas.
Resulta inexplicable el destrato, la desconsideración y la irrespetuosidad de esta gente, a esta situación hay que sumarle el requerimiento imperativo de la presencia de un familiar al cuidado del paciente durante las 24 horas, porque no hay personal suficiente. En su defecto, jamás tendrá oportunidad de hablar con el médico tratante porque no tiene horarios y las posibilidades de diálogo se tornan imposibles; entonces, cada enfermo es una isla y las noches se transforman en una romería, donde los acompañantes miran TV, conversan, cenan, etc., imposibilitando el descanso nocturno del enfermo.
La entrada de esta clínica es libre, no hay seguridad, entra y sale cualquier persona, sin restricciones. De modo tal que al dolor de tener un ser querido enfermo e internado se suma el dolor de la indiferencia y el maltrato constante.
Es importante que la gente sepa que en estas terribles circunstancias hay que redoblar las fortalezas y erigirse en un soldado dispuesto a la batalla. Porque nada conmueve a esta gente, sólo, me imagino, su economía, que crece a pasos agigantados, porque la salud de los jubilados es un gran negocio. Hoy mi esposo ya no está, pero necesito enviar este mensaje, es vital luchar por el respeto y una medicina humanizada."
Prof. Ana Obando
Presidenta
Fundación Nuevo Milenio